Escucho en ocasiones ideas preconcebidas sobre la práctica de la meditación y sobre todo una frase que se repite mucho “la meditación no es para mí”.

 Y no voy a intentar convencer a nadie de lo contrario. Es posible que así sea.

Quizá se pueda pensar que no surgen dificultades a las personas que practicamos a diario o de forma recurrente, pero como pasa con otros ámbitos de la vida, cuanto más practicamos, menos incomodidades surgen y más recursos tenemos para su gestión. Los propios beneficios que van surgiendo son los que motivan para continuar.

A mí me gusta meditar en mi zafu o cojín de meditación pero, cuando recibo o facilito formaciones de Mindfulness, en la mayoría de las ocasiones las realizamos sentados en una silla, adaptando la postura a la meditación.

Personalmente prefiero el zafu, me ayuda con mi postura.

La postura es en parte, una forma de expresar nuestro estado anímico. Si estamos encorvados nuestro corazón está escondido, no podemos prepararlo para la práctica.

Si nuestra espalda está recta, firme, estable pero sin rigideces, estamos poniendo nuestro corazón a disposición de la práctica. Facilita la conexión con él en cada respiración.

Ya sea en una silla o sobre un cojín, la espalda debe mantenerse recta. Es importante combinar la relajación y la postura. Al principio puede surgir incomodidad y forma parte de la misma práctica, saber convivir con ella, lo mismo que sucede con algunas situaciones de la vida.

En mi caso, he tenido limitaciones físicas que, en ocasiones, me han impedido poder realizar la postura más pulcra. Utilizo mantas para dar altura o bloques de yoga, intento adaptar el cuerpo adoptando la postura con el apoyo de rodillas o subiendo cadera, poniendo base sobre al zafu… al final lo más importante es que cada uno, escuchando su cuerpo y conociendo sus limitaciones, pueda continuar con la práctica.

En los cursos impartidos escucho muchos comentarios acerca de las incomodidades tanto físicas como psíquicas que surgen, lógicas por otra parte, tal y como he comentado. Ni el cuerpo ni la mente está acostumbrados a quedarse quieto y a llevar la atención a un objeto de meditación, ya sea la respiración, los sonidos o las sensaciones corporales. Sin móvil, sin televisión, sin nada que haga que los pensamientos deambulen a sus anchas por nuestra mente.

En torno a la meditación se han creado una serie de ideas, prejuicios y creencias que nada tienen que ver con la realidad. No se si alguna de éstas te ha pasado alguna vez por la mente:

  • La meditación es una técnica sin más de relajación.
  • Hay que dejar la mente en blanco.
  • Es una forma de estar en trance, casi como si estuviésemos bajo los efectos de sustancias.
  • Las personas normales no pueden realizarla. Se necesita proceder de familias o vivir en zonas de Oriente.
  • Practico otra religión y no es compatible.

Por otra parte, aunque cada vez menos, la meditación y las técnicas de tercera generación relacionadas con el autoconocimiento, están aún estigmatizadas por parte de la sociedad, lo que provoca en algunas personas, sentimientos como el miedo o la vergüenza en su acercamiento o incluso intento de practicarla.

Más allá de esto, en este blog quiero compartir contigo algunos de los problemas más comunes y que más me suelen preguntar y algunos tips para sobrellevarlos, por si a ti, que me estás leyendo, también te pasa:

 “Me quedo dormid@”: muy habitual. Diría que es casi el que más me llega. Se supone que puedes entrar en un proceso de relajación pero el fin de la meditación de Mindfulness no es entrar en el estado de somnolencia. Puedes abrir los ojos y mantener la mirada semiabierta mirando a metro y medio de ti en un punto en el suelo. También puedes realizar varias respiraciones profundas aguantando la respiración y expirar suavemente.

Es importante que atiendas también a los motivos que te llevan a dormir, quizá por la hora, o si estas muy cansad@. Atender al cuerpo y a sus necesidades es también una forma de autocuidado. Quizá meditar por la noche, cuando el cuerpo y la mente están más cansados puede facilitar este estado.

“Sufro dolor físico”: la postura sedente conlleva incomodidad casi de forma inevitable, al principio sobre todo. Las piernas se duermen y pueden surgir dolores. Cada persona debe elegir su postura, quizá prefieras sentarte en una silla. Puedes realizar los ajustes que necesites pero si el dolor continuo y siempre y cuando no sea muy lesivo, trata de convivir con él como parte de la práctica, observando las sensaciones que surgen y tus resistencias. Con el tiempo los músculos ser irán relajando.

 “Me aburro”: observar la respiración puede llevar a ser aburrido si lo haces como si supieras ya lo que es. Te invito a que lo observes con los ojos de un niño, como si no hubiera nada más importante en la vida, no solo la respiración sino todo lo que te surja, pensamientos, emociones, sensaciones… sin alimentarlos, simplemente observando.

“Me desconcentro”: Puede haber días para todo, pero todos nos enseñan. Dependiendo de lo que esté sucediendo en tu vida en esos momentos puede que la mente esté más o menos consciente. En cualquier caso forma parte de la práctica, y debemos seguir dejando de lado las conversaciones mentales y llevar la atención a nuestra respiración, a los sonidos o a las sensaciones corporales.

Es importante también que crees tu rutina de meditación, intentando realizar la práctica siempre a la misma hora y en el mismo espacio. Puedes crearte un rincón para ese momento, en tu casa, quizá creando un ambiente más cálido que ayude al recogimiento, por ejemplo con incienso, una vela o el olor de un aceite esencial, creando un lugar cómodo y sin mucho ruido o distracciones.

Y, ahora te digo, quédate con aquello que te sirva y deshecha el resto. Crea tu propia rutina y medita como puedas o como quieras, pero medita!!

Si tienes alguna rutina de meditación que quieras compartir te leo. También si quieres comentar las incomodidades que te surgen.

 

Vive con consciencia. Vive con Bienestar.

 

metáfora de la meditacion
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SANGHA CON VANESA MARTIN